La Fe en Acción: Viviendo el Evangelio a Través del Servicio
“Por tanto, todo el que me oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca”(Mateo 7:24 NVI).
Es natural que nos gocemos al nacimiento de un bebé, pues celebramos el comienzo de una nueva vida llena de promesas. Nuestro júbilo se magnifica al ver los primeros pasos de la criatura y aumenta al presenciar su desarrollo. En cierta manera, el crecimiento del niño confirma nuestra postura positiva a su llegada al mundo.
Es similar con nuestro nacimiento espiritual; hay gran gozo al comenzar nuestro caminar con Cristo (Lucas 15:7) que aumenta exponencialmente con cada oportunidad de crecer en nuestra relación con el Padre (Salmo 16:11). El progreso natural de infante a eventual madurez afirma el plan Divino para todos sus “recién nacidos” (Efesios 4:14-15).
El desarrollo de nuestra fe no es sólo en aumentar nuestra familiaridad con las verdades que encontramos en la Palabra de Dios. Nuestro Maestro nos pide poner en acción Sus enseñanzas. Jesús destacó este supremo deseo confirmando que al plantar en nosotros la “semilla” esta fue diseñada para que diéramos fruto al vivir de acuerdo con sus dictámenes (Mateo 13:18-23).
Jesús llamó sabios a los que escuchando Sus palabras las ponen en práctica (Mateo 7:24). Varias veces en Sus discursos, nuestro Redentor recalcó que el captar y entender lo que nos dijo es sólo el primer paso. Para cumplir el perfecto propósito de Sus palabras, tenemos que profundizar el proceso, traduciendo Su “texto” en tangibles testimonios. Y si así lo hacemos, nos llama bienaventurados (Lucas 11:28, Juan 13:17).
Hace muchos años escuché a un predicador utilizar la frase: “fe en acción” describiendo lo que nos debe ocupar mientras retorna nuestro Señor (Lucas 12:43). Recientemente, pregunté a dos jóvenes en la iglesia que pensaban de esa frase y respondieron: “servir como Jesús lo hizo” y “ayudar sin pensar recibir algo en retorno”.
Concuerdo con ellos pues el mero Hijo de Dios “no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo…” (Filipenses 2:6-7 NVI). Ciertamente la vida de Jesús fue caracterizada por servitud, no sólo pregonando las Buenas Nuevas sino también demostrando sincera caridad a todos.
Nosotros pues, guiados por el mismo Espíritu Santo, imitaremos esa actitud de Cristo. Dios nos abonará Su amor para que constantemente busquemos como apoyar y ayudar a otros. Mirando a todos en nuestro alrededor como los vio Jesús, con compasión hacia los necesitados (Mateo 9:36), amor hacia los confundidos (Marcos 10:21) y aún ternura hacia nuestros enemigos (Lucas 13:34).
Más tarde, Pablo reafirmó este aspecto de nuestra obediencia a Cristo, solicitándonos a llevar las cargas los unos de los otros (Gálatas 6:2). Sencillamente esto es el estar presentes en las vidas de otros, poniéndonos a su disposición para serles de sostén. En cada relación que tenemos, pedimos que Dios abra nuestros ojos y oídos para captar como Él nos quiera utilizar para Su gloria. Esta discreta disposición puede ser en sí mismo de gran impacto.
Hace unos años, una buena amiga mía batalló cáncer. Compartiendo su testimonio después con el grupo de damas, les contó que muchos decían que estaban orando por ella durante sus tratamientos. Pero, lamentablemente sólo dos de esas personas se detuvieron a orar con ella. Nuestra presencia con los que están sufriendo y nuestras plegarias por su condición serán de abundante bendición.
Como dice uno de los cantos por Clarie Cloninger:
Alguien se elevó al cielo,
alguien mi nombre llevó,
trayendo me a Su presencia,
diciendo lo que no podía yo;
alguien me mostro Su rostro de gracia
cuando la oscuridad me rodeo,
alguien suplico por la Sangre de Cristo,
alguien oró por mí.
Invariablemente, el ponernos de rodillas ante el Padre para pedir por las necesidades de otros resultará en Su envío para que suplamos lo que falta. (Recordemos lo que Jesús respondió a Sus discípulos en Lucas 9:13 cuando la multitud tenía hambre.) El amor de Dios inquieta nuestros corazones y Su Espíritu nos capacita para que sirvamos ampliamente al menesteroso, como a nuestro mismo Señor (Mateo 25:34-40).
La lista de oportunidades no se limita a lo que encontramos en ese pasaje de Mateo. No todos tenemos acceso a esas avenidas de ministerio. Pero cada persona puede encontrar una manera de servir a su prójimo. En simple actos de amor como llevarle una comida a una persona enferma o al ofrecer cuidar del bebé para que la madre duerma un poco. El que pueda manejar un vehículo podría llevar a una persona a ver el doctor o hacer otro recado.
Esta disciplina espiritual puede comenzar a tomar una forma más rutinaria: podemos comprometernos a trabajar como voluntarios en la iglesia o en una organización sin fines de lucro. Por ejemplo, barriendo el suelo, organizando los paquetes de comida, sirviendo la cena a los marginalizados, limpiando los platos después de la cena… En el Ejército de Salvación, ¡la lista es inagotable!
Cada encuentro con el Trino Dios nos impulsa a salir por el mundo a pregonar Su evangelio a toda criatura (Mateo 28:19-20). Como Isaías, que tuvo la máxima experiencia al observar la gloria de Dios en Su plenitud, nosotros al llegar a los pies del Santo Supremo también escucharemos Su insistente imploro: “¿Quién irá por nosotros?” (Isaias 6:8).
Hermano(a), considere ahora en su peregrinación el buscar ser de uso en el Reino de Dios. Recordando que no es para nuestro beneficio (1 Corintios 10:24) o por lograr alguna recompensa (Mateo 6:1-4). Más bien, hacemos todo sin rivalidad, no por vanagloria, sino estimando humildemente a los demás como superiores (Filipenses 2:3-4).
Todo lo hacemos para la gloria de Dios. No importa si fueran simples nuestros dones o augustas nuestras ofrendas. Si es en el silencio de la noche o como un ejemplo expuesto a millones. Dios nos llama a vivir como los Samaritanos, viendo en cada situación la oportunidad de servir a nuestro prójimo (Lucas 10:25-37).
No pierda su invitación a ser de bendición. ¡Ponga su fe en acción!
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